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Larcamón y Cruz Azul: ¿tiene razón el técnico o la directiva tomó la decisión correcta?

Cruz Azul despidió a Larcamón a un partido de la Liguilla. El técnico dice que no entiende ni comparte la decisión. ¿Quién tiene la razón?

Larcamón y Cruz Azul: ¿tiene razón el técnico o la directiva tomó la decisión correcta?
Clausura 2026

Larcamón y Cruz Azul: ¿tiene razón el técnico o la directiva tomó la decisión correcta?

Sebastian Silva Sebastian Silva · 24 Abr 2026 · 7 min de lectura
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El fútbol mexicano tiene una larga tradición de decisiones que no se entienden desde afuera, y la salida de Nicolás Larcamón de Cruz Azul a una jornada de que terminara la fase regular del Clausura 2026 entra directo a esa lista. El técnico argentino fue despedido el miércoles 22 de abril con el equipo clasificado a la Liguilla, en cuarto lugar de la tabla general, y con el mejor registro de puntos de toda la temporada entre Apertura y Clausura. Un día después, Larcamón salió de La Noria con sus pertenencias y ante los micrófonos dijo lo que muchos pensaban: "No me queda más que respetar la decisión, claramente no la entiendo, no la comparto". La pregunta que lo preocupa es una que también se hace la afición cementera: ¿quién tiene razón aquí?

Los números que Larcamón tiene de su lado

El argumento del técnico no es antojadizo. En 33 partidos de Liga MX al frente de Cruz Azul, Larcamón acumuló 65 puntos, con 18 victorias, 11 empates y apenas 4 derrotas. Es el mejor registro de puntos de la temporada completa entre todos los equipos, considerando Apertura y Clausura. El equipo cerró la fase regular clasificado en cuarto lugar y a cuatro días de ganar un millón de dólares por terminar como el mejor conjunto de la temporada regular, un incentivo económico real para el club.

Y tiene razón en algo más: hace apenas 19 días Cruz Azul defendía un invicto de tres meses. La racha negativa que terminó con su trabajo fue de nueve partidos sin ganar, en los que el equipo disputó simultáneamente Liga MX y la Copa de Campeones de Concacaf, jugando hasta tres veces por semana. El propio Larcamón lo había señalado en conferencias previas: la agenda era agotadora y los viajes entre Ciudad de México y Puebla, sede alterna de sus partidos de local, sumaban desgaste innecesario.

Desde esa perspectiva, lo que preocupa es simple: ¿es justo despedir a un técnico que acumuló el mejor registro de la temporada por una racha de 18 días difíciles, con un calendario sobrecargado que él mismo advirtió? Larcamón cree que no, y sus números le dan argumentos sólidos.

Lo que no se dice: el "clamor popular" que lo tumbó

Aquí está el punto que cambia todo en este análisis. En sus declaraciones, Larcamón fue cuidadoso pero dejó caer una frase reveladora: "No entiendo bien desde dónde se define. Entiendo que escuchando un poco la opinión popular". Sin decirlo directamente, el técnico insinuó que la presión de la afición y el ruido mediático influyeron en la decisión de la directiva cementera. Y eso, si es verdad, es un problema mucho más profundo que la salida de un entrenador.

Cruz Azul tiene una relación históricamente complicada con sus técnicos. Antes de Larcamón llegó Vicente Sánchez en carácter de interino, y antes de él Martín Anselmi, quien dejó el club de manera sorpresiva para irse al Porto de Portugal. La Máquina consume entrenadores con una velocidad que contrasta con los proyectos de largo aliento que otros clubes de la Liga MX han sabido construir. Y esa inestabilidad técnica tiene un costo real en los resultados dentro del campo.

El comunicado oficial de Cruz Azul habló de "inercia negativa de resultados y formas que es inocultable". Esa frase es cierta en cuanto a los últimos 18 días, pero obvia todo lo que ocurrió antes. Es la narrativa conveniente para justificar una decisión que, desde los números, es difícil de defender.

¿Tiene sentido cambiar de técnico a una fecha de la Liguilla?

Esta es la gran duda que generó más ruido. Joel Huiqui, formado en las fuerzas básicas del club, asumirá el mando junto a Sergio Pinto y Marco Calvillo para lo que resta del torneo. Es un movimiento que tiene lógica interna, en el sentido de que son personas que conocen bien el plantel y la estructura, pero que genera una pregunta táctica inevitable: ¿puede un técnico sin experiencia en primera división preparar a un equipo en días para competir en la Liguilla?

La historia del fútbol mexicano tiene ejemplos de ambos lados. Cruz Azul mismo ganó un campeonato en circunstancias atípicas. Pero también hay casos donde los cambios de última hora desestabilizan más de lo que solucionan. El vestuario, que según el propio Larcamón tenía una relación espectacular con el técnico, ahora tendrá que resetear dinámicas en días, justo cuando la concentración debería estar al máximo.

Lo que la directiva no puede ignorar

Cruz Azul tiene razón en algo: nueve partidos sin ganar en la recta final es una señal de alarma que ningún club grande puede ignorar, especialmente con la Liguilla a la vuelta de la esquina. El fútbol es de resultados, y la directiva cementera tiene la obligación de tomar decisiones pensando en el campeonato, no en la narrativa del proceso. Si consideraron que Larcamón no era la persona para llevar al equipo a pelear el título, tienen el derecho y la responsabilidad de actuar.

El punto débil de su argumento es el timing. Si la decisión era necesaria, debió tomarse antes, con tiempo suficiente para que el nuevo técnico construyera algo real. Hacerlo a una jornada del cierre de la fase regular, con la Liguilla comenzando en días, no le hace ningún favor al equipo ni al proyecto. Y eso sí es algo que difícilmente se puede defender desde la lógica deportiva.

¿Quién tiene razón al final?

La respuesta honesta es que los dos tienen parte de la razón. Larcamón tiene razón en que sus números no justifican un despido, en que la agenda sobrecargada explica parte de la racha negativa y en que tomar una decisión basada en "el clamor popular" es un síntoma de inestabilidad institucional. Cruz Azul tiene razón en que nueve partidos sin ganar generan dudas legítimas sobre si el técnico podía revertir la situación a tiempo para competir en la Liguilla.

Lo que no tiene defensa es el momento. Despedir a un técnico con el equipo clasificado, a una fecha del cierre, con la Liguilla en puerta, es una decisión que pone en riesgo el objetivo más importante del semestre por resolver un problema que quizás podría haber esperado unos días más, o que debió atenderse semanas antes. El fútbol mexicano lleva años tomando decisiones apresuradas y pagando el precio en los momentos que más importan. Cruz Azul, esta vez, no fue la excepción.

Sebastian Silva
Sebastian Silva

Soy periodista deportivo y cofundador de Diez Deportivo. Tengo 22 años y cubro la actualidad de Chivas, Cruz Azul, Tigres, León y Selección Mexicana.

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