El Mundial llega a México y la FIFA convirtió la fiesta del pueblo en un negocio de élite
Un estudio de Ipsos lo confirma: 8 de cada 10 mexicanos no irán al Mundial por el precio de los boletos. La fiesta es en casa, pero no es para todos.

El Mundial llega a México y la FIFA convirtió la fiesta del pueblo en un negocio de élite
Hay una paradoja enorme en lo que está ocurriendo a 48 días del arranque del Mundial 2026 en México. El país que más veces ha sido sede de una Copa del Mundo en la historia, el que tiene tres estadios icónicos listos para recibir al mundo, el que lleva años esperando este momento, va a vivir el torneo más importante del planeta mayoritariamente desde casa. Un estudio de la consultora Ipsos lo confirma con números que incomodan: solo el 19% de los mexicanos encuestados podrá asistir a un partido. El 81% restante no va, y la razón principal no es falta de interés. Es el precio de los boletos del Mundial 2026. Eso merece una conversación que va mucho más allá del fútbol.
Los números que la FIFA prefiere no destacar
El informe de Ipsos, presentado esta semana, es demoledor en su claridad. De los mexicanos que dijeron que no asistirán a los partidos del Mundial, el 81% atribuye su decisión directamente al costo de las entradas. El 52% de los encuestados afirmó que no irá a ningún partido aunque quisiera hacerlo. Y ante la pregunta de dónde verán los juegos, el 69% respondió que desde casa, el 36% en casa de familiares o amigos y el 21% en bares o restaurantes.
Esos números tienen nombre y apellido: los boletos del Mundial 2026 cuestan desde 60 dólares en categorías básicas hasta 6,730 dólares en las categorías más altas, según los precios oficiales de la FIFA. Pero la tarifa dinámica y la demanda han disparado los valores en el mercado, al punto de que los boletos para la final se cotizan en más de 10,000 dólares. Para ponerlo en contexto: el salario mínimo mensual en México es de aproximadamente 278 pesos diarios, poco más de 14 dólares. Un boleto de categoría básica equivale al salario de más de cuatro meses de un trabajador que gana el mínimo. La final, a más de 700 meses.
Jorge Vargas, director general de Ipsos, lo resumió con una frase que ya circula en todos lados: estamos viendo la gentrificación del futbol. No es una metáfora exagerada. Es una descripción precisa de lo que está ocurriendo.
Lo que preocupa: la FIFA rediseñó el Mundial para otro tipo de consumidor
El problema de los boletos del Mundial 2026 no es solo de precios. Es de modelo. La FIFA destina hasta el 35% de sus lugares preferentes y los llamados hospitalities para patrocinadores, compromisos corporativos y experiencias VIP que incluyen, literalmente, un Airbnb dentro del Estadio Azteca. El pentapichichi Hugo Sánchez será el anfitrión. La tribuna que antes era del aficionado de a pie hoy es una sala de negocios con vista al campo.
Fernando Schwartz, especialista reconocido por la propia FIFA, lo dijo sin rodeos en la presentación del estudio de Ipsos: "Creo que este Mundial es de los Fan Fest por el costo de los boletos. Los que van al estadio no son los que comúnmente van a los partidos de fútbol." Esa frase encierra lo que preocupa de fondo: que el Mundial 2026 en México no será vivido por la afición que llena el Azteca cada quince días, sino por turistas internacionales, ejecutivos corporativos y quien pueda pagar precios que en este país son simplemente inalcanzables para la mayoría.
¿Es seguro el Mundial 2026 para ir al estadio?
El precio de los boletos no es la única barrera. El estudio de Ipsos también reveló que el 79% de los mexicanos expresa preocupación por la delincuencia de cara al torneo, y solo el 11% considera que México está muy bien preparado para recibirlo. El ataque ocurrido recientemente en las inmediaciones de la zona arqueológica de Teotihuacán volvió a colocar la seguridad en el centro del debate, y el ex secretario de turismo Enrique de la Madrid fue claro: las autoridades deben concentrar sus mejores elementos en el evento, porque la narrativa de que aquí no pasa nada ya no es sostenible.
Ese combinado, boletos inaccesibles más inseguridad percibida, explica en parte por qué la conversación digital sobre el Mundial 2026 en México es mayoritariamente negativa. Un análisis de la firma Dinamic reveló que 6 de cada 10 mexicanos en redes cuestiona la organización del torneo o el desempeño de la Selección. Solo el 4.1% de las interacciones expresa una valoración positiva. En el país anfitrión, el entusiasmo existe, pero está siendo aplastado por la realidad económica y las dudas logísticas.
El punto que cambia todo: la gentrificación no se quedó en las tribunas
Lo que pocos están discutiendo con suficiente profundidad es que la gentrificación del Mundial 2026 no ocurrió solo en los estadios. Ocurrió en los barrios que los rodean. En Santa Úrsula Coapa, donde está el Estadio Azteca, vecinos y colectivos denuncian que las rentas subieron, los comerciantes históricos fueron desplazados y el barrio está siendo rediseñado para un turista global que nada tiene que ver con la comunidad que vivió ahí de toda la vida. Organizaciones civiles alertan que las tres sedes mexicanas, Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara, aplican un maquillaje urbano que busca retirar a personas en situación de calle, comerciantes informales y voces disidentes antes de la llegada de los tres millones de turistas internacionales que se esperan.
Amnistía Internacional ha advertido sobre riesgos de represión asociados a la militarización de la seguridad. Y mientras tanto, la FIFA prevé una derrama económica de más de 4,000 millones de dólares para México por los 13 partidos que se jugarán en suelo nacional. El dinero llegará, sí. La pregunta es a quién le llegará.
¿Qué queda para el aficionado de a pie?
Los Fan Fest. Esa es la respuesta que el sistema tiene para quien no puede pagar un boleto. Zonas habilitadas en espacios públicos donde la gente podrá ver los partidos en pantallas gigantes, con ambiente y sin costo de entrada. Fernando Schwartz lo señaló como la gran experiencia de este Mundial para la mayoría, y tiene razón en algo: los Fan Fest pueden ser genuinamente emocionantes y crear comunidad alrededor del torneo. Pero también es cierto que proponerle a un mexicano que vea a su selección en su propio Mundial desde una pantalla al aire libre, mientras el estadio que está a unos kilómetros está lleno de turistas y ejecutivos, tiene algo de agridulce que no es fácil de ignorar.
El fútbol nació en las calles. Con dos piedras como portería y una lata como balón, como lo recuerdan los colectivos que hoy protestan en los alrededores del Azteca. Que el torneo más grande del mundo se juegue en México y que la mayoría de los mexicanos lo vea desde el sillón no es un accidente ni una fatalidad. Es el resultado de decisiones concretas sobre precios, modelos de negocio y prioridades. La FIFA organizó la fiesta más grande de la historia del fútbol. Solo que cambió la lista de invitados, y el dueño de la casa quedó fuera.




Deja un comentario